La Tola


El Nicho de la Inmaculada Concepción de La Tola Alta

Este relato es un mito contado de boca en boca hace muchos años. En la actualidad se ha transformado en leyenda que atemoriza a propios y extraños por el aparecimiento de la fatal mujer.

En los primeros años de la Conquista, nació Mónica mujer hidalga a la que la naturaleza había compensado la falta de dote con una belleza excepcional  que llamaba la atención de todos los que le conocían, vivía en la loma del Itchimbía, en una casa blanca. Tenía a su madre, una suave y delicada mujer viuda y también a su hermano Isidro, hermoso mozo aventurero e intrépido, amante de la alegría, muy opuesto al carácter de Mónica. Para ella la mejor compañía era la soledad; era muy espiritual y adornaba su casa con un bellísimo jardín, además en su cuarto arreglaba  con mucha devoción el altar de la Virgen Inmaculada Concepción.

Mónica posó sus ojos en un bravo Mancebo nativo de estas tierras de nombre Anselmo, caballero de ojos negros, de porte altivo, por su valor seguía la carrera militar, distinguiéndose por su arrojo, valor y lealtad.

Cierto día fue notificado que iría a combatir en las selvas, pues se había levantado una tribu. Su partida fue inusitada y solo alcanzó a despedirse de su amada en su casa. Mónica al enterarse de la partida, le colmó de bendiciones y solicito a la Virgen Inmaculada Concepción, que lo protegiera. Anselmo le comunicó que iría a combatir, llena de espanto Mónica  le hizo prometer ante la Virgen que se cuidaría y que regresaría.

Los días pasaron, comenzaron las lluvias torrenciales y en una tarde, como negro augurio, los nubarrones cubrieron el Itchimbia, se desató una tormenta con furia loca, los relámpagos iluminaron el obscuro cielo, los truenos enloquecieron a Mónica, y el blanco manto de granizo se apoderaba de todo, destrozando completamente el jardín. Al concluir la lluvia, el bello jardín estaba muerto, nada había sobrevivido. Al poco tiempo llegó su hermano Isidro y le dijo, ¨hermana debes ser valiente, la expedición ha sido un fracaso, solo unos cuantos han sobrevivido. Anselmo a combatido como un valiente, pero ha muerto¨. Mónica  descontrolada por la noticia, corrió a su cuarto y arrojo al suelo las flores del altar de la virgen, y gritando decía: ¨¡te lo pedí!, pero tú no lo cuidaste¨, desmayándose en el acto. Su familia la atendió, pero aquella terrible noticia fue mayor, no tenía  ganas de vivir, e igual que sus flores su vida se fue apagando lentamente y fue enterrada en su propio jardín.

Mucho tiempo después de ese fatal suceso, cuando nació La Tola Alta y el Itchimbía era un lugar desolado, los antiguos contaban que en las noches de luna llena, se aparecía una bellísima mujer vestida de blanco, que salía de un enorme hueco que había en el imponente muro de piedra de la calle Valparaíso. Todos huían del lugar, tenían miedo, pero una vez un valiente se detuvo y la enfrentó y se quedó sorprendido de la escandalosa belleza de la mujer, ella al ver que el hombre le tenía miedo le suplicó que le ayudara para ella descansar en paz. Pidió que ese sitio fuera lugar de veneración de la Santísima Virgen, de la cual en vida ella había dudado y, por ese dolor y pecado su alma no descansaba en paz ni podía ser salva.

En el muro de la calle Valparaíso y Chile existe un nicho, dedicado a la Virgen de la Inmaculada Concepción de La Tola, al cual nunca le faltan flores.

Recopilación obtenida en el Museo de la Ciudad


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